Se veía venir. No sé hasta qué punto todo el revuelo que se está creando alrededor de A Serbian Film preocupa al realizador serbio Srdjan Spasojevic o, por el contrario, éste se siente feliz por el trabajo bien hecho y las recompensas recibidas. Si el principal objetivo perseguido por el director de A Serbian Film era fomentar la polémica, cabrear de manera más que considerable a quiénes se creen estandartes de la moralidad, la ética y la decencia de un país (lo que Ángel Sala, director del Festival de Sitges, calificaba como “la dictadura del buen gusto”), y lograr que su debut cinematográfico estuviera en boca de todo el mundo; desde luego Srdjan Spasojevic estará ahora mismo tomándose una bebida popular serbia con la dulce sensación del deber cumplido.
Supongo que todo estalló en el precio instante en el que una cadena de televisión privada, de ámbito nacional, montó una mesa redonda, con presentadora al frente y cuatro contertulios (tanto la presentadora, como algunos de los contertulios, reconocieron abiertamiento no haber visto la película y fiarse de los que leyeron en una columna del periódico El Mundo) , en el que se hablaba de A Serbian Film como un acto abyecto, repugnable, constitutivo de delito (uno de los invitados no paró de compararlo con los vídeos de pederastia que corren a diario por la red… obviando el hecho de que A Serbian Film es, ante todo, una ficción cinematográfica), destinado a un 1% de la población que no comparte los principios básicos de moralidad y decencia del 99% de población restante (lo que viene a significar que todos aquellos que estaríamos dispuestos a pagar una entrada de cine para ver A Serbian Film somos individuos al margen de las pautas morales que dicta cualquier sociedad civilizada) y, por supuesto, digno de una censura fulminante que prohibiera su exhibición en cualquier rincón del planeta.

Por supuesto la mesa al completo se sintió profundamente ofendida cuando Ángel Sala, invitado a defender su postura vía telefónica, insinuó que algunas de las opiniones vertidas en el debate le parecieron de una intolerancia y una intrasigencia más propia de otros tiempo en los que nuestro país sabía muy poco acerca de la democracia y de algunos de los mecanismos que la empujan, entre ellos la libertad de expresión.
En cualquier caso creo que el mencionado programa televisivo ha tenido sus consecuencias. Un juzgado de primera instancia, respondiendo a una demanda interpuesta por la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA) que alegaba actuar en defensa de los menores, HA CENSURADO A Serbian Film, prohibiendo su exhibición en La Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, a la espera de discernir si la película constituye un delito contra la libertad sexual tipificado y penado en el artículo 189 del Código Penal.
La dirección del Festival ha respondido, en mi opinión, de manera extraordinaria: otorgándole el Premio Especial del Público “por convertirse, sin ser proyectada, en símbolo de la libertad de expresión”.
La onda de choque de lo acontecido en San Sebastián ha afectado a otros certámenes especializados como es el Festival de Cinema de Terror de Molins de Rei, que para hoy tenía prevista la exhibición de A Serbian Film en su maratón habitual y que, ayer mismo, recibió un requerimiento judicial prohibiendo tal evento (finalmente el pase de A Serbian Film será sustituido por el de Martyrs, de Pascal Laugier).
Lo que viene a continuación es una opinión estrictamente personal, que no tiene porqué compartir el resto de colaboradores de este blog.
A Serbian Film es una película cruda, hiriente, provocadora, y muy probablemente, algunas de sus secuencias resulten, para una gran mayoría de espectadores (entre los que me cuento), moralmente reprochable. Pero también es un ejercicio de ficción que instiga al espectador, consciente en todo momento de que lo que está viendo no es real (a pesar de que creo que somos también muchos los que, desgracidamente, sospechamos que los hechos narrados en A Serbian Film suceden en la realidad), a extraer sus propias conclusiones, sean cuáles sean.
Las prohibiciones que se están produciendo alrededor de A Serbian Film me parecen un excrable ejercicio de intolerancia, una vulneración al derecho de libre expresión y también una afrenta directa al derecho del espectador, mayor de edad, de poder decidir lo que desea o no desea ver. Hay que ser cautelosos con A Serbian Film. Hay que informar al público potencial del tipo de película que es A Serbian Film, y hay que poner los medios necesarios para que el público menor de edad no tenga acceso a sus imágenes.
Pero también hay que mantener a buen recaudo la libertad y el respeto hacia todos aquellos espectadores que deseamos acercarnos a una ficción como A Serbian Film con el objetivo de sacar nuestras propias conclusiones.
Es peligroso trazar una línea. ¿Quién establece los límites? ¿Quién tiene la potestad ética y moral para decidir lo que nos conviene y no nos conviene, lo que nos hace mejores o peores ciudadanos? En mi opinión los únicos límites posibles tienen que partir de la libertad, la constatación de que estamos ante un producto de ficción, y la información de lo que se esconde tras dicho producto. Yo quiero ver A Serbian Film, y decidir por mí mismo si lo que estoy viendo me repele profundamente o si, por contra, encuentro en la película algún elemento que me haga reflexionar acerca de la violencia descarnada y la agresión de derechos fundamentales que se está viviendo, actualmente, en muchos de los paises llamados “civilizados”. O quizás ambas cosas, que me incomode moralmente pero, a su vez, me permita recapacitar acerca de determinadas cuestiones que desgraciadamente son una realidad en nuestra sociedad o sociedades muy afines a la nuestra.
Por todo ello no me queda más que aplaudir la decisión por parte de la dirección del Festival de Terror de San Sebastián de premiar A Serbian Film como un símbolo a la libertad de expresión. Que nadie tenga la capacidad de decidir por nosotros mismos… y a todos aquellos que todavía tengais ganas de ver A Serbian Film, os anima a hacerlo.
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